A Pujerra se llega desde Igualeja, continuando la carretera local que atraviesa este último pueblo. Poco después de salir de él se cruza el cauce del río Seco y comienza el camino a ascender por entre los mejores castañares que hemos visto hasta ahora. Viejas troncas, que aquí se llaman “patillas”, de enorme grosor, que llevarán siglos dando fruto. En verano casi todo el trayecto entre ambos pueblos se hace a la sombra de estos árboles; en otoño las castañas se deslizan hasta las cunetas y en invierno las hojas cubren de amarillo todo lo visible.
Al iniciar la subida se tienen buenas vistas del caserío de Igualeja y hay que aprovechar porque no se prodiga mucho. Luego se pasa por una zona en la que se ven algunas viejas casas de campo; aún no estamos en tierras de Pujerra; es el cortijo de Las Salas. Pero a escasos metros, donde se separa a la derecha una pista forestal que baja al Genal, lo cruza y llega hasta Júzcar, comienza el término de Pujerra. En ese punto predomina el monte de encinas y alcornoques. Y allí, a la derecha del camino se ve otra casa de campo, pero ésta en muy buen estado; es el cortijo de Bentomí, un nombre que debiera sonarnos. Se trata de un viejo nombre camuflado, el de un pueblo morisco desaparecido después de la reconquista cristiana, Benatamín. De él hay documentación y referencias suficientes, como puede verse en la parte de Historia, aunque los naturales de Pujerra duden que haya habido allí pueblo alguno. Y si tomamos la pista forestal antedicha y llegamos hasta el río, donde están las ruinas del viejo Molino de Capilla, estaremos pisando el solar del pueblo perdido de Cenay, que fuera parroquia y cabeza de dezmería en 1505. Al menos Nicolás Cabrillana lo ubica allí, aunque con dudas. Pues bien, allí en Cenay era donde cuenta la leyenda que estuvo viviendo el Rey Wamba, uno de los Reyes Godos, antes de subir al trono. En sus tierras araba cuando vinieron a buscarlo para su coronación.
Esa tradición popular no se puede demostrar, pero, a juzgar por la noticia que da Vázquez Otero sobre la aparición en Pujerra de esos ladrillos conocidos como brácaris, con simbología cristiana de la Antigüedad tardía, lo menos que podemos concluir es que en Pujerra había población desde mucho antes de la invasión islámica.
Pero lleguemos a Pujerra. Pasado el cortijo de Bentomí, volvemos a los castañares y, poco después de cruzar otro arroyo y subir una pequeña cuesta, llegamos al caserío de Pujerra, que se recuesta en una ladera, al borde de una zona muy barrancosa, desde donde las vistas sobre le valle son de verdadera impresión sobre todo por la mañana.
Desde el mismo pueblo se ve toda la cuenca alta del Genal, los pueblos de Júzcar, Cartajima y un poco de Parauta, en las laderas de la Sierra del Oreganal, en la que destacan los montes de Jarastepar, el Risco de Cartajima y el Almola. También es visible una parte importante del término de Igualeja. Y, si salimos del pueblo por la pista forestal que lleva a Jubrique, a pocos metros de la población se abre una magnífica panorámica sobre toda la cuenca media: Faraján, apenas se ve entre los bosques, pero se distinguen claramente los caseríos de Atajate, Benadalid, Benalauría y Algatocín, al pie de la cordillera divisoria con el Guadiaro, y más a occidente la imponente cordillera de la Sierra de Líbar. Más cerca, a la izquierda, se ve la zona del Monte Jardón poblada de pino insignis.
Pujerra es un pueblo de los más pequeños de la comarca, pero en absoluto decadente. Su población se mantiene casi inalterable en los últimos dos siglos. Su nombre es un enigma etimológico, nadie sabe a ciencia cierta lo que significa. Lo hemos visto escrito de diversas formas: Oxera, que es un claro error de copista, Poxera, Puxerra y por último Pugerra. Es posible que este nombre tenga bastante que ver con el de Alpujarra. Si suprimimos de éste último el artículo árabe Al-, nos queda prácticamente el nombre de Pujerra.
Su historia es paralela a la de los pueblos comarcanos, aunque desde poco después de la conquista cristiana se diferenció de los demás en que no quedó pronto población morisca alguna y se repobló totalmente con cristianos viejos. Su iglesia se conserva casi intacta desde 1505, fecha en que se crearon las parroquias serranas, aunque en principio sería aneja de Cenay. Cuando se convirtió en parroquia independiente, la iglesia de Moclón, pueblo desaparecido que ahora integra el término de Júzcar, quedó anejada a Pujerra, porque estaba muy cerca y también en la margen izquierda del Genal.
Pujerra ocupaba un lugar importante en las comunicaciones de Ronda con la Costa, concretamente con Estepona, antes de que hubiese carreteras. Se puede decir que este pueblo ha quedado aislado por causa de la mejora de las vías de comunicación, aunque parezca una paradoja. Por allí pasaba un importante camino.
Cuando se hizo la distribución de partidos judiciales, en 1820, Pujerra quedó integrado en el de Estepona, al que ha pertenecido hasta hace escasos años. La razón es la que acabamos de exponer, la existencia de ese viejo camino. Ahora todo ha cambiado y ha sido necesario integrarlo con los demás pueblos en el de Ronda, que está más cerca por carretera.
Pujerra tuvo cierta importancia en el siglo XVIII, cuando se llevó a cabo una importante tarea de exploración de yacimientos minerales, como se puede ver en el apartado de Historia. Se descubrieron filones de amianto y algunas minas de hierro. Una se mantuvo en activo hasta muy entrado el siglo XIX, según cuenta Pascual Madoz; se llamaba La Cibeles y era propiedad de una sociedad de propietarios afincados en Estepona.
Tomó parte activa este pueblo en la lucha contra los franceses durante la Guerra de la Independencia, gracias a lo cual consiguió su carta de villazgo en 1814, otorgada por Fernando VII.
Pujerra es un pueblo relativamente próspero gracias a su excelente y abundante producción de castañas, y casi todos sus vecinos tienen pequeñas parcelas de castaños, por lo que se sustentan con relativa autonomía.
Celebran sus fiestas patronales de san Antonio coincidiendo con el día del santo, en el mes de junio; son especialmente aficionados a lanzar cohetes durante la procesión y, aunque sea costumbre general de todos estos pueblos, ellos se llevan la palma. Se ven y oyen casi desde todo el valle. Sus fiestas son las primeras de la temporada estival y congregan gente de los pueblos vecinos. Se instala la música y la barra en la plaza y todo el mundo bebe y baila hasta altas horas de la madrugada. Al parecer hay un tipo de fandango propio de este pueblo, según leemos en Vázquez Otero, que sería costumbre cantar en las fiestas.
En Pujerra hay abundancia de apellidos como Macías, Morales, Flores, Chicón y Calvente, y algunos comunes con Igualeja, como Arrocha y
Gil.
Pista polideportiva, piscina municipal, casa de la cultura,
Restaurante “Buxarra”, cooperativa de la castaña,
asociación de cazadores, banda de música
Gastronomía
Pinchitada, guiso de chivo
tostones, roscos caseros y buñuelos
mosto, postura y mistela
Fiestas
El Niño del Huerto (Domingo de Resurrección)
Fiestas del patrón San Antonio (13 de junio)
Romería de San Antonio (2º domingo de agosto)
Virgen de Fátima (3 de noviembre)