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Emigrantes: cada año cuesta más
Por José Ayala Colchero - Publicado en Alcalá Noticias en abril de 2002

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Cuántas veces hemos escuchado esta frase de boca de tantos y tantos emigrantes que por una causa u otra abandonamos nuestro pueblo para poder subsistir durante el tiempo que estamos en él, que, por cierto, para algunos, por no decir todos, es poco tiempo el que estamos en nuestro pueblo natal, con nuestra gente y familiares, porque estamos más meses fuera que dentro de nuestra localidad.

Es verdad, esto no cambia, y cada vez que nos vamos al extranjero nos cuesta más, el porqué no lo sé, será que esta tierra nos tira cada vez más, o es que ya se está uno haciendo viejo. Creo que las dos cosas. Es duro ver a los tuyos llorar, dándote un beso de despedida, porque cada lágrima que ves en el rostro de uno de los tuyos, son cuchillitos que se te clavan en lo más profundo de tu corazón, se te rompe el alma, aunque sólo sea por unos meses. Y qué decir de los padres que por el motivo de la emigración tienen que dejar en una guardería a sus hijos más pequeños, porque no tienen donde dejarlos, ya que seguro los abuelos son viejecitos y no tienen fuerzas para cuidarlos; eso es duro para unos padres, aunque ellos saben que es lo mejor para sus hijos, ya que de esa manera no perderán escuela y así tienen posibilidad de aprender, para que en un futuro no tengan que coger el mismo camino que sus padres.

Aunque en los tiempos que estamos la emigración no es igual que antaño, antaño según he escuchado de boca de personas ya jubiladas, que se han pasado media vida en el extranjero y la otra media haciendo el equipaje de un lado para otro, es decir, emigrando toda una vida. Me decían: “Antes la emigración era más sufrida, porque se iba uno con lo puesto, ó quizás un poco más, ese poco más, que iba metido en una humilde maleta; era “fiao” en algunas de las pequeñas tiendas de ultramarinos que había en nuestro pueblo, y que a la vuelta, cuando vinieras de dar la campaña, tenías que pagar, no sólo lo que te habías llevado en la maleta, sino lo que tu mujer y tus hijos habían consumido mientras habías estado en el extranjero; al final no te quedaba nada, pero eras feliz porque veías a los tuyos y comprobabas que no habían pasado hambre.

Te marchabas a una tierra extraña -proseguía narrando-, una tierra con distinta lengua, que para entenderse había que hacerlo por señas, distintas costumbres; creo que todos los que hayan emigrado saben como yo lo que es esta vida, una vida que a pesar de los años no cambia, siempre lo mismo, aunque digas cada año que al siguiente no volverás, vuelves, porque vivimos en una zona que hay poco trabajo y no te quedaba más remedio que emigrar, ya no sólo al extranjero, sino a otros puntos de tu mismo país. Pero era más duro irse al extranjero ya que a veces se pasaba mal, ya no sólo porque te dejaras a los tuyos detrás, sino que a veces no encontrabas un trabajo donde te miraran bien, a veces malviviendo en condiciones regulares, por no decir infrahumanas. Y hoy la emigración, es distinta, (aunque dura también); ahora todo está más al alcance de todos, se viaja de otra manera, vamos acompañados la mayoría por la mujer y en época de vacaciones hasta de los hijos, y, si tienes que estar 4 o 5 meses se hacen más llevaderos de esta forma, y bendita sea esta oportunidad que nos brinda la vida, de ir acompañados de los seres más queridos; aunque siempre se queden algunos detrás, añorando tu regreso”.

Esto podía ser el reflejo de tantos y tantos emigrantes que tenemos la piel curtida a golpe de miles y miles de kilómetros, dejando nuestra huella en cualquier estación de ferrocarril, en cualquier estación de autobús o en cualquier banco de algún lugar, donde fueron a parar nuestros huesos, para pasar una mala noche. Esto podía ser el retrato, de cualquier persona de nuestro pueblo, porque quien haya sido emigrante, seguro que de una manera u otra ha vivido estas escenas y se verá relacionado con estas pocas palabras y algunos dirán que lo han pasado peor de lo que cuenta este relato.

Así que cada año es lo mismo, no hay ninguna posibilidad, aunque sea la más mínima esperanza de que esto vaya a cambiar, y seguiremos reflejándonos en el mismo espejo de nuestros mayores, los que se pasaron media vida emigrando y la otra media haciendo la maleta de un lado para otro.

Espero que pronto se le busque soluciones a este problema.

“Porque cada año cuesta más salir de este pueblo aunque sea por unos meses”.
 


                  


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