Cuántas
veces hemos escuchado esta frase de boca de tantos y tantos emigrantes
que por una causa u otra abandonamos nuestro pueblo para poder subsistir
durante el tiempo que estamos en él, que, por cierto, para algunos, por
no decir todos, es poco tiempo el que estamos en nuestro pueblo natal,
con nuestra gente y familiares, porque estamos más meses fuera que
dentro de nuestra localidad.
Es verdad, esto no cambia, y cada vez
que nos vamos al extranjero nos cuesta más, el porqué no lo sé, será que
esta tierra nos tira cada vez más, o es que ya se está uno haciendo
viejo. Creo que las dos cosas. Es duro ver a los tuyos llorar, dándote
un beso de despedida, porque cada lágrima que ves en el rostro de uno de
los tuyos, son cuchillitos que se te clavan en lo más profundo de tu
corazón, se te rompe el alma, aunque sólo sea por unos meses. Y qué
decir de los padres que por el motivo de la emigración tienen que dejar
en una guardería a sus hijos más pequeños, porque no tienen donde
dejarlos, ya que seguro los abuelos son viejecitos y no tienen fuerzas
para cuidarlos; eso es duro para unos padres, aunque ellos saben que es
lo mejor para sus hijos, ya que de esa manera no perderán escuela y así
tienen posibilidad de aprender, para que en un futuro no tengan que
coger el mismo camino que sus padres.
Aunque en los tiempos que estamos la
emigración no es igual que antaño, antaño según he escuchado de boca de
personas ya jubiladas, que se han pasado media vida en el extranjero y
la otra media haciendo el equipaje de un lado para otro, es decir,
emigrando toda una vida. Me decían: “Antes la emigración era más
sufrida, porque se iba uno con lo puesto, ó quizás un poco más, ese poco
más, que iba metido en una humilde maleta; era “fiao” en algunas de las
pequeñas tiendas de ultramarinos que había en nuestro pueblo, y que a la
vuelta, cuando vinieras de dar la campaña, tenías que pagar, no sólo lo
que te habías llevado en la maleta, sino lo que tu mujer y tus hijos
habían consumido mientras habías estado en el extranjero; al final no te
quedaba nada, pero eras feliz porque veías a los tuyos y comprobabas que
no habían pasado hambre.
Te marchabas a una tierra extraña
-proseguía narrando-, una tierra con distinta lengua, que para
entenderse había que hacerlo por señas, distintas costumbres; creo que
todos los que hayan emigrado saben como yo lo que es esta vida, una vida
que a pesar de los años no cambia, siempre lo mismo, aunque digas cada
año que al siguiente no volverás, vuelves, porque vivimos en una zona
que hay poco trabajo y no te quedaba más remedio que emigrar, ya no sólo
al extranjero, sino a otros puntos de tu mismo país. Pero era más duro
irse al extranjero ya que a veces se pasaba mal, ya no sólo porque te
dejaras a los tuyos detrás, sino que a veces no encontrabas un trabajo
donde te miraran bien, a veces malviviendo en condiciones regulares, por
no decir infrahumanas. Y hoy la emigración, es distinta, (aunque dura
también); ahora todo está más al alcance de todos, se viaja de otra
manera, vamos acompañados la mayoría por la mujer y en época de
vacaciones hasta de los hijos, y, si tienes que estar 4 o 5 meses se
hacen más llevaderos de esta forma, y bendita sea esta oportunidad que
nos brinda la vida, de ir acompañados de los seres más queridos; aunque
siempre se queden algunos detrás, añorando tu regreso”.
Esto podía ser el reflejo de tantos y
tantos emigrantes que tenemos la piel curtida a golpe de miles y miles
de kilómetros, dejando nuestra huella en cualquier estación de
ferrocarril, en cualquier estación de autobús o en cualquier banco de
algún lugar, donde fueron a parar nuestros huesos, para pasar una mala
noche. Esto podía ser el retrato, de cualquier persona de nuestro
pueblo, porque quien haya sido emigrante, seguro que de una manera u
otra ha vivido estas escenas y se verá relacionado con estas pocas
palabras y algunos dirán que lo han pasado peor de lo que cuenta este
relato.
Así que cada año es lo mismo, no hay
ninguna posibilidad, aunque sea la más mínima esperanza de que esto vaya
a cambiar, y seguiremos reflejándonos en el mismo espejo de nuestros
mayores, los que se pasaron media vida emigrando y la otra media
haciendo la maleta de un lado para otro.
Espero que pronto se le busque
soluciones a este problema.
“Porque cada año cuesta más salir de
este pueblo aunque sea por unos meses”.