Queremos
presentar a través de este artículo, aprovechando la celebración de la
feria y fiestas de san Roque, una visión de cómo se desarrollaba esta
fiesta en otros tiempos y los cambios que ha sufrido desde entonces
hasta la actualidad.
Aunque hoy día asumimos como similares
“feria” y “fiestas patronales”, lo cierto es que ambas festividades
tienen un origen bien distinto. Las que podemos denominar estrictamente
como ferias derivan de los antiguos mercados anuales, en los que se
realizaban numerosos intercambios comerciales, sobre todo de ganado; un
ejemplo claro de este tipo de fiesta es la feria de Olvera, que se
celebraba desde que a principios del siglo XVIII recibiera un privilegio
real para ello por parte de Felipe V. Por otro lado, tenemos las fiestas
patronales, donde el pueblo se coloca en un momento determinado bajo la
protección de un santo o de una de las advocaciones de la Virgen. En
este caso, lo que comienza como una celebracion estrictamente religiosa,
con misa y procesión en honor del patrón, se ha convertido actualmente
en una velada, donde los elementos religiosos pasan a un segundo plano,
y acuden a la misa y procesión, origen de la festividad, una parte poco
significativa de la población. Actualmente, ambos tipos son en la
práctica casi similares, con la peculiaridad de que en las fiestas se
mantiene la práctica de la misa y procesión en honor del patrón; para
nosotros, pues, tanto feria como fiestas patronales son asimilables. El
caso de Alcalá responde al tipo de fiesta patronal, ya que las fiestas
giran siempre alrededor de la onomástica de San Roque, el día 16 de
agosto.
San Roque fue un santo francés que vivió entre finales del siglo XIII y
principios del siguiente. Nació en el seno de una familia noble en la
ciudad de Montpellier, aunque pronto quedó huérfano. Sobrevivió a la
peste en Toscana (Italia), cuando se dirigía a Roma como peregrino,
momento en el que adquirió gran fama curando a la gente afectada por esa
enfermedad, por lo que terminó contagiándose él mismo. Camino de vuelta
a su patria se internó en un bosque en los Alpes, donde construyó una
cabaña con ramas de árboles para esperar el momento de su muerte; no
obstante, cuenta la leyenda, Dios no le abandonó y todos los días un
perro le traía en la boca un panecillo y le lamía las llagas. Curado de
sus heridas llegó a su ciudad, donde no le reconocieron y, al ser tomado
como espía, murió joven en la cárcel.
A San Roque, como podemos comprobar por la escultura del Santo que se
conserva en la iglesia de Alcalá, se le representa vestido de peregrino,
a veces incluso con sombrero y concha, como a Santiago, aunque en este
caso lleva siempre un perro al pie que le lame las llagas producidas por
la enfermedad contagiosa que padeció.
San Roque gozó siempre de una gran devoción popular, precisamente por su
fama de curador, motivo por el que numerosos pueblos lo adoptaron como
patrón para que les protegiera de la peste y de las enfermedades
contagiosas. Éste es el caso de Alcalá, pues todos los indicios apuntan
a ello. Ya lo encontramos como titular de la iglesia de Alcalá en el año
1681, en un documento del archivo parroquial donde se menciona “la
yglesia parroquial del Señor San Roque”. Nuestra hipótesis es que el
Santo fue proclamado patrón de la villa de Alcalá hacia mediados del
siglo XVII, como mínimo, pues hay varios datos documentales que,
indirectamente, nos llevan a hacer tal afirmación. En primer lugar, si
se nombra patrón a este Santo es porque la villa necesitaba acudir a él
para protegerse de las frecuentes epidemias de peste que asolarían la
región durante este siglo. Precisamente, la vecina Torre Alháquime tomó
como patrón a San Roque el 9 de julio de 1654, mediante un acuerdo del
concejo o ayuntamiento de la villa, justo al final de una de las grandes
epidemias de peste de este siglo, la que se desarrolló entre 1648 y
1652. Alcalá, pues, debió ponerse bajo su protección hacia estas fechas
o incluso antes.
Las
noticias más antiguas que poseemos en torno a la festividad en honor de
San Roque se remontan a los años centrales del siglo XVIII, aunque, como
hemos demostrado más arriba, tiene un origen anterior. Avala también
nuestra hipótesis el hecho de que los escritos que poseemos nos muestran
ya una fiesta en pleno desarrollo, bien nutrida tanto en actos como en
gastos de productos adquiridos para su celebración.
Los datos, en su mayoría, proceden de las referencias que sobre dicha
celebración se hacen en los fondos documentales conservados en el
Archivo Histórico Nacional, concretamente en el pleito mantenido entre
la villa de Alcalá y el marqués de Benamejí, señor de la misma, para
desprenderse de la jurisdicción del mariscal, y convertirse así en villa
de realengo. El carácter de estas notas en torno a la fiesta de San
Roque es fundamentalmente de tipo económico, pues nos muestran una
relación de los gastos que durante los años 1755 y 1758 hizo el concejo
de Alcalá para celebrar tal festividad. De esta manera, a través de esta
interesante documentación hemos podido llegar a reconstruir algunos de
los aspectos característicos de las reseñadas fiestas patronales.
Todos los datos nos llevan a pensar que la fiesta que desde antiguo se
celebraba en honor a San Roque tenía lugar en un único día, el 16 de
agosto, onomástica del Santo, Titular y Patrón de la villa. Esta
afirmación la hacemos por el hecho de que las cuentas de los gastos
llevan como fecha de desembolso del dinero ese mismo día o el siguiente;
incluso en algún año se libra el dinero el día anterior al festivo.
Así pues, el día 16 de agosto de cada año se conmemoraba la festividad
de San Roque como patrón de la villa con una función religiosa, al
término de la cual se ofrecía a los vecinos y forasteros que concurrían
este día a la población desde las villas próximas un espectáculo taurino
donde, además, se repartía dulce y agua helada como refresco.
A la ceremonia religiosa y al espectáculo que se ofrecía después al
Santo asistían tanto el clero como los distintos habitantes de los
pueblos de los alrededores, como afirma al respecto por estas fechas el
vicebeneficiado de la Parroquia de Cañete, que asegura haber acudido a
Alcalá del Valle “los más años a la función que celebran al Señor San
Roque, tributándole de su obsequio la corrida de uno o dos toros,
asistiendo a sus funciones los más vezinos de la de Cañete…”.
Respecto a los gastos que originaba al concejo la celebración de la
fiesta, observamos la existencia de una gran disparidad al contrastar
los de distintos años. Por dar unas cifras, vemos cómo de los escasos 24
reales que se destinaron para la fiesta de 1755, que tuvieron como único
destino el pago de una libranza al cura de la villa, pasamos al año
siguiente a alcanzar una cifra de 193 reales y medio. Mayor aún fue la
proliferación en gastos para el año siguiente (1757), en el que se
alcanza la cifra total de 239 reales, siendo más modesta que estas dos
la cifra que se nos ofrece para 1758, último de los años en los que
contamos con referencias sobre los gastos realizados en esta fiesta,
para la que tenemos un gasto conjunto de 141 reales y 17 maravedís. La
cifra global de estos cuatro años asciende a la nada despreciable suma
de 598 reales.
Respecto a los gastos destinados a la parte fundamental de la fiesta, la
religiosa, podemos diferenciar entre los destinados al culto divino,
donde incluimos el pago de los servicios religiosos, y las cantidades
aplicadas a otros gastos que originaba la función religiosa en honor del
Patrón. En el primero de los apartados incluimos la limosna que el
concejo o ayuntamiento pagaba tanto al cura como al sacristán y
predicador por la celebración del oficio divino el día del Santo. El
cura percibía 18 reales por sus servicios, mientras que el sacristán
sólo recibía la tercera parte (6 reales) por su oficio. El sermón lo
predicaba siempre un religioso foráneo, un predicador cuaresmal
procedente de alguna de las comunidades de frailes de los pueblos
vecinos, como los franciscanos terceros de Caños Santos o los
alcantarinos de Cañete, por poner un ejemplo; en 1757 predicó en la
fiesta de San Roque el Padre Fray Tomás de Burgo, predicador cuaresmal.
El predicador recibía como limosna 30 reales, en proporción bastante más
que el cura y el sacristán. Entre los gastos de la ceremonia hallamos el
pago por la cantidad de cera gastada que, si bien no era fija de un año
para otro, se destinaba a su compra en torno a los 15 reales. No
obstante, mientras que en 1756 se pudieron gastar 16 reales y medio en
una libra y media de cera (690 gr), dos años después, en 1758, la media
libra que se compró costó nada menos que 15 reales.
Un último apunte que nos llena de curiosidad y que desconocemos es saber
para qué serían las dos cargas de corcho que se compraron por valor de 4
reales y que según especifican los datos iban destinadas “para la noche
del Santo”. Suponemos que con esta expresión querían hacer referencia a
la realización de alguna hoguera o fuego en la plaza una vez que la
noche hacía acto de presencia.
En cuanto a los gastos destinados a cubrir la parte lúdica de la fiesta,
observamos que las cantidades (400 reales) empleadas durante este
período a dicha cuestión duplicarían a las que llevaban como fin el pago
de los actos litúrgicos (197 reales). Una parte muy importante de los
gastos de este apartado son los destinados a la compra y transporte de
los productos a consumir en la fiesta, procedentes en su mayoría de la
cercana Ronda, ciudad que actuaría durante todo el año, y más en épocas
de celebraciones, como núcleo productor y distribuidor de todo tipo de
mercancías con las que paliar la demanda de su comarca (realidad que aún
hoy día continúa estando latente). De este modo, al gasto producido por
la compra de los productos habría que añadir los derivados de su
transporte.
De entre los productos a consumir, una parte muy importante la ocupaban
las libras de dulces que el concejo se encargaba de comprar para
repartir entre los vecinos de la villa y forasteros que en el día del
patrón asistían a los divertimentos que el cabildo municipal, en
representación del señor de la villa, ofrecía al pueblo en esta
festividad.
Al mismo tiempo que los dulces, las autoridades hacían distribuir a los
congregados con motivo de dicha fiesta un refresco con el que paliar las
altas temperaturas que debían sufrir los espectadores de las corridas de
toros ofrendadas al Patrón. Así, se citan entre los gastos del concejo
la compra y transporte de agua helada y de varias libras de hielo, al
precio de unos 5 reales la libra. Este artículo, sin duda extraordinario
y de auténtico lujo para la época, procedería de las cercanas cumbres de
la serranía rondeña. En las sierras del entorno de Zahara sí tenemos
documentados pozos de nieve destinados a la producción de la misma para
surtir de este producto a puntos tan lejanos como la costa gaditana. La
propiedad de dichos pozos de nieve correspondía en Zahara al señor de la
villa, el duque de Arcos, que los explotaba mediante arrendamiento. El
oficio de nevero correspondía a la persona que entonces se dedicaba a la
venta del producto de los pozos de nieve, como el agua helada y el hielo
que mencionan los documentos.
Un último artículo a consumir en la festividad de San Roque, también
procedente de la cercana Ciudad del Tajo y presente durante los años que
nos brinda la documentación, sería el de los fuegos artificiales,
fabricados por las manos expertas de un maestro cohetero.
Hemos comentado más arriba que tras la ceremonia religiosa se lidiaban
uno o dos toros en honor del Santo, como ofrecimiento personal del
mariscal de Alcalá del Valle a su villa. Hay que recordar que es en el
siglo XVIII cuando comienza el toreo a pie, generalizándose y alcanzando
gran popularidad en nuestra tierra este tipo de espectáculos. La
presencia de corridas de toros en la festividad de San Roque pudo haber
sido influida por la cercanía a Alcalá de la ciudad de Ronda y su
maestranza.
Por último, decir que no son muchos más los datos que poseemos sobre
esta fiesta, pues, por ejemplo, nada se nos dice acerca de la existencia
y procesión del Santo, aunque sin duda alguna debió celebrarse en su
momento tras la función religiosa. Suponemos que debió existir una
imagen (que no se corresponde con la actual) que saldría en procesión
durante este día, de ahí la finalidad de contratar a dos vecinos para
“limpiar y barrer la plaza de esta villa para el día del Patrón Señor
San Roque”, que, al igual que la iglesia, se adecentaría y decoraría
para tal ocasión.
