Caños Santos: La imposibilidad de lo posible
Por Luis Aguilera Rodríguez (Arqueólogo).
Publicado en la revista cultural "El Castillón" en enero de 1999
La intervención arqueológica realizada en 1995, parte de la idea de
que sólo una amplia excavación sistemática, en el futuro, podría
determinar la compartimentación y el entramado interior y exterior del
convento de Caños Santos, hoy en día muy deteriorado.
Hemos de incidir en que actuaciones del
tipo de apoyo a las restauraciones de edificios, donde se ha perdido el
registro arquitectónico por el paso del tiempo y el olvido de la mano
del hombre, redundaría de la aportación de datos significativos que
harían de la actuación técnica una reconstrucción bien documentada,
desacelerando el proceso avanzado de destrucción a que se encuentran
sometidos. Es por ello que una intervención planteada paralelamente
habría de permitir que arqueólogos y arquitectos combinen los registros
y hagan posible que de esta investigación se obtengan las informaciones
que hicieron posible su ejecución técnica final, no sólo se consolidaría
la estructura, sino que se salvaría la esencia histórica en cuestión,
evitándose así una actuación restauradora puramente insuficiente.
El sondeo vino ordenado por el propio
proyecto de restauración que actuó en el interior del atrio que da
acceso al claustro y en el exterior de la crujía norte (fachada de la
plaza), así como donde también se localiza la fuente con la intención de
comprobar si el muro continúa hacia la base de la torre y si entre ésta
y la fachada a la plaza pudo existir otro cuerpo de la citada fuente
(figura 1)
El resultado de este primer sondeo nos ha
permitido observar y distinguir gracias a los numerosos datos aportados
por la secuencia estratigráfica, tres fases continuas de remodelación
interior del suelo del atrio y una cuarta fase más moderna, donde se
aprecia un primer nivel de mortero reflejado en la base de la pared y
restos del mismo sobre el pavimento actual, que debió fijar la base de
los altares de las capillas.
Un segundo nivel compuesto por un
enlosado con decoración en espiga y que se conserva en un porcentaje
satisfactorio, que no va a ser modificado desde 1690 en adelante,
momento en el que se cierran los arcos laterales según consta en el
libro donde se recogen las remodelaciones que sufre el inmueble desde
1683 a 1832.
La cimentación del edificio se encuentra dentro de un estrato natural,
Nivel VII, haciendo de él un soporte adecuado para una estructura
estática y pesada.
Por otro lado hemos de apuntar el dato de
1689 sobre la construcción de la nueva fachada, donde aparece reflejado
que el basamento tiene tres varas de profundidad. Debemos incidir pues,
en la importancia de investigar más en los sistemas técnicos de
sustentación de estos tipos de Monasterios y no verlo como algo que hay
que restaurar sin prestar atención a estos pormenores arquitectónicos.
De todas maneras tenemos que aclarar que
un sondeo de este tipo aporta datos puntuales, y que sólo una
intervención arqueológica en extensión podría aclarar muchos de los
datos que aún permanecen en el entramado de este recinto, sin embargo,
entre lo que queda por hacer bien y la poca o ninguna sensibilidad por
parte de los pequeños, medianos y grandes poderes, nos deja entrever un
futuro poco prometedor.

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